El Movimiento Nacional Socialista: Nacismo a la chilena    
MARIO SZNAJDER Universidad Hebrea de Jerusalén
 


Este trabajo intentará realizar un análisis del nacismo chileno en los años treinta, demostrando que sin producir una variante político- ideológica original, el Movimiento Nacional Socialista -M.N.S.- aplica elementos fascistas a la realidad chilena, alejándose de los prototipos originales sin abandonar su carácter violento y discriminatorio. Na- cismo con 'c', tal como lo escribían los líderes y miembros del M.N.S., para asociarlo con la familia ideológica fascista europea, pero a la vez para diferenciarlo y darle carácter chileno. A continuación intentare- mos caracterizar el cuadro político chileno de la época, conducente al golpe nacista de 1938. Luego analizaremos las características fascistas del M.N.S., para ver, más adelante, sus raíces intelectuales e ideológicas, finalizando con una apreciación del impacto que tuvo la trayectoria de este movimiento sobre la vida política chilena de los años treinta.

En marzo del año pasado, una docena de familiares y correligionarios de Jorge Gonzáles von Marées, el extinto fundador yJefe del Movimiento Nacional Socialista de Chile, se reunieron en el Cementerio General de Santiago, al cumplirse veintiséis años de su muerte [1] . Medio año más tarde se realizaron dos actos de conmemoración del cincuentenario de lo que en la historia de Chile se conoce como la Matanza del Seguro Obrero, corolario del golpe armado nacista del 5 de septiembre de 1938. Pese a que tantos años han pasado, el recuerdo de estos hechos y figuras aún da lugar a una romería [2] .

El golpe nacista de 1938 constituyó el cenit de la actividad del Mo- vimiento Nacional Socialista de Chile, que nunca descartó la violencia de entre sus medios de acción. De hecho, este movimiento utilizó casi desde su fundación a las Tropas Nacistas de Asalto (T.N.A.) -la milicia uniformada del grupo- en sus concentraciones públicas, para defender a los miembros del movimiento y agredir a sus enemigos [3] .

El golpe nacista fue también el momento en el cual esta comunidad política comienza a declinar en sus fortunas, volcando poco tiempo después de los sangrientos sucesos del 5 de septiembre de 1938 su apoyo en favor del candidato del Frente Popular, Don Pedro Aguirre Cerda, que es elegido en las elecciones de octubre de 1938, con la ayuda de los votos del M.N.S., como Presidente de Chile.

Hasta el golpe, el nacismo chileno apoyaba la candidatura presiden- cial de Carlos Ibáñez del Campo, quien se vió obligado a retirarse de la contienda política a raíz de la actitud de sus partidarios nacistas que optaron por la vía de la violencia. Esta actitud estaba basada en la esperanza de que el golpe armado provocara un golpe militar que terminara con la democracia liberal chilena, personificada en las figuras del "León de Tarapacá", Arturo Alessandri Palma, y su candidato presidencial, Gustavo Ross Santa María [4] .

Pero el golpe, al producirse, desencadenó una serie de acontecimien- tos que en el fondo fortalecieron el proceso de reestablecimiento de la democracia constitucional, reiniciado durante la segunda presidencia de Alessandri, en 1932.

Es así que, paradójicamente, el nacismo chileno, a través de la aplicación de su credo ideológico, se autodescarta de la vida política y cataliza el proceso de reafirmación democrática en Chile. La revuelta armada que llevó al nacismo a ocupar el edificio del Seguro Obrero y la sede central de la Universidad de Chile, provoca la reacción violenta de Carabineros. Bajo las órdenes directas de su comandante, el general Arriagada, que a su vez fue inducido a proceder sin ningún tipo de vacilación por el propio presidente Alessandri, Carabineros pone fin al intento nacista, a sangre y fuego [5] .

Pero el golpe no sólo margina de la contienda política al populismo personalista de Ibáñez, sino que lleva a éste y al líder del nacismo chileno, Jorge González von Marées, a apoyar al Frente Popular y a pedir a sus seguidores que voten a favor de la izquierda. Teniendo el M.N.S que decidir entre sus dos enemigos -la izquierda socialista comunista y la democracia liberal- decide que esta última es su peor enemigo. Con la izquierda comparte por lo menos ciertos ideales sociales [6] .

El ejército no intervino a favor de los golpistas y de Ibáñez, como algunos lo esperaban. Su actuación y la no intervención en la contienda electoral que lleva al establecimiento del gobierno del Frente Popular, así como el reconocimiento de la autoridad civil, señalan la maduración del proceso civilista que comienza en 1932 y que tendrá vigencia en Chile por más de cuatro décadas. Los verdaderos damnificados del golpe -desde el punto de vista político- fueron Arturo Alessandri y Gustavo Ross. El tipo de ideal que ellos representaban no podía, a ojos de una parte del electorado chileno, utilizar los métodos violentos (nos referimos a la Matanza del Seguro Obrero) que ellos atribuían a sus enemigos, tanto de derecha, ejemplificados por los regímenes fascistas europeos, como de izquierda, representada ésta por la Unión Soviética de Stalin. Con justa razón sostiene Frederick Nunn que por objetable que fuera la conducta de los nacistas chilenos, el baño de sangre del Seguro Obrero y la violencia de la campaña presidencial volcaron la opinión pública contra la administración de Alessandri y la candidatura de Ross [7] .

Sostenemos aquí que la interacción entre las tres tendencias políticas principales de la época: aquéllos que apoyan a la democracia liberal (conservadores, liberales, radicales), las izquierdas (socialistas y co- munistas) y la derecha radical (nacistas y populistas), obliga a aquéllos que gobiernan, en este caso Alessandri, a transformar a la democracia liberal en menos liberal y más autoritaria. Este cuadro puede ser explicado en forma teórica a través del modelo de polarización política ideado por Sartori. Según él, en un sistema político poseedor de izquierda y derecha claramente definidas, en momentos de crisis se produce un movimiento centrifugal hacia los extremos [8] . La validez de la aplicabilidad del modelo se ve reforzada por el grado de sofisticación y desarrollo alcanzado por el sistema político chileno hacia la década del treinta, el retorno a la democracia en un marco multipartidista similar a los marcos europeos de la época y el alto nivel de participación y cultura política del país [9] .

Dentro de un cuadro semejante no hay lugar para la persistencia del tipo de conflicto triangular antes descrito. El triángulo derecha tradicional, derecha radical, izquierda, se desarma, polarizándose, en el momento en que estalla la crisis -en nuestro caso el golpe nacista- alinéandose la tercera fuerza con uno de los extremos. En el modelo de Sartori sería el partido de centro, en el nuestro, el nacismo populista de difícil definición entre centro y derecha, pero nunca centro, en términos clásicos. Son los intereses socioeconómicos y políticos en la dirección de la polarización de la cual habla Sartori. En el caso chileno, el segundo gobierno de Alessandri se apoyaría cada vez más en los círculos económicos de derecha, representados por el Ministro de Hacienda y luego, el candidato presidencial Ross. Por otro lado, la posición nacista frente a las elecciones de 1938 no está determinada sólo por los sucesos del 5 de septiembre sino también se debe a que sus principios ideológicos postulaban la imposición de un régimen socio-económico corporativista desligado de los principios capitalistas que, según el nacismo, regían a la sociedad chilena.

Es difícil evaluar la contribución directa del nacismo chileno a la victoria del Frente Popular en octubre de 1938. Aguirre Cerda obtuvo 227.720 votos; Ross Santa María recibió 218.609. En las elecciones parlamentarias de marzo de 1937, el M.N.S. logró hacer elegir tres diputados, con un total de 14.235 votos. Si tenemos en cuenta que el nacismo chileno y las fuerzas que apoyaban a Ibáñez en la Alianza Popular Libertadora se sumaron, acatando disciplinadamente la orden del Jefe de votar a favor de Aguirre Cerda, al Frente Popular y que desde 1932 el nacismo era una fuerza política ascendiente, podemos concluir que fueron ellos quienes suplieron la diferencia de votos que hizo posible la victoria electoral de la izquierda. Don Pedro Aguirre Cerda reconoció la colaboración del M.N.S. a su elección indultanto a González von Marées, que entretanto había sido arrestado como líder del golpe [10] .

Fue así como este peculiar nacional socialismo criollo se definió como antioligárquico. Para González von Marées, el 25 de octubre de 1938 no triunfó el Frente Popular, que según él constituía sólo "...una combinación táctica de partidos incorporada en la lucha política na- cional por mandato expreso de la Internacional Comunista...", sino que triunfó "...el pueblo chileno... gracias al sacrificio de los mártires del Seguro, otra mística netamente chilena, extraída de cada una de las páginas de la historia nacional, logró imponerse sobre la mística importada y antinacional del frentismo". [11] .

El golpe nacista fue la culminación de un proceso de enfrentamiento político, muchas veces violento, que se desarrolló en Chile entre 1932 y 1938. Esta es la era de las milicias y la movilización de las masas, y es en este contexto que debemos entender la inserción de la ideología fascista del M.N.S. en el cuadro político chileno. Este movimiento no espera que el ejército tome la iniciativa e instaure el tipo de régimen por él propugnado, sino que, alentado por el apoyo que suponía masivo a la candidatura de Ibáñez, toma la iniciativa, esperando que el ejército se pliegue a él. El desprestigio político del ejército durante la década del veinte y principios del treinta, por un lado, y el convencimiento del M.N.S. de la necesidad de frenar el avance de la izquierda, a quien veía como foránea y marxista, confiere entonces la supuesta legitimidad a la acción directa, militante y movilizadora.

En 1932 -durante la República Socialista- se establece la Milicia Republicana, cuyos objetivos eran la restauración del gobierno civil, su salvaguardia y el impedir un golpe comunista. Este cuerpo llega a contar con cincuenta mil miembros armados, recibe el apoyo de libe- rales, conservadores y radicales y es disuelto sólo en julio de 1936 [12] . Es decir, la aparición de las ya mencionadas Tropas Nacistas de Asalto en 1933 poseía un doble antecedente chileno y europeo. El apoyo de las milicias a causas políticas acentuó el clima de enfrentamiento y posible violencia entre los contendientes.

Casi paralelamente al M.N.S. surge el Partido Socialista, fundado en abril de 1933 [13] . Ambos movimientos comparten una cierta tendencia populista, más acentuada en el M.N.S. El Partido Socialista se convierte en el movilizador de masas de una izquierda con tintes nacionalistas, mientras que el nacismo chileno intenta ser el partido movilizador de un nacionalismo con tintes socializantes.

La imposición del nuevo estilo político de la lucha miliciana callejera lleva a una escalada de violencia que los partidarios del gobierno pretenden controlar, otorgando a éste mayor capacidad represiva.

Aquí se produce la ecuación de mayor control, equivalente a menor pluralismo y reducción del conjunto de libertades enmarcadas en un régimen democrático liberal, y todo ello con el objeto de preservar la estabilidad que sustenta la existencia de dicho régimen.

El 15 de noviembre de 1936 se produce un tiroteo en la estación de trenes de Rancagua, en el cual, un grupo nacista, al disparar sobre una manifestación en su contra, provoca la reacción parlamen- taria. El gobierno propone que se acelere el debate para aprobar la ley de Seguridad Interior del Estado y prohíbe la circulación del semanario del M.N.S., Trabajo [14]. Esta ley, promulgada con el número 6026, el 12.1.1937, establecía la prohibición de partidos que propagaran cualquier ideología contraria a la democracia usando para ello la violencia; asimismo prohibía el uso de uniformes, banderas y símbolos de carácter revolucionario, publicaciones que atentasen contra el órden público, la importación y distribución de armas y explosivos, injurias y desacatos contra altos funcionarios y la propagación o fomento de la destrucción jurídica de la nación o asociación con tal objeto. Estas restricciones eran aplicables en cualquier momento, contra el M.N.S, el P.S. y el P.C. Al parecer, la intención del gobierno era controlar y restringir, en lo posible, la libertad de acción del Partido Comunista, que era considerado por las autoridades como la agrupación política más peligrosa para la existencia del régimen.

Es éste el modo en que se confrontan las tendencias políticas que compiten en Chile en la década del treinta. Los partidarios de la democracia liberal intentan darle un tinte más autoritario, a través de la creación de un marco legal restrictivo. La izquierda, atrincherada en sus marcos sindicales y partidistas, sin abandonar la vía revolucionaria, crea el Frente Popular, que adoptando una actitud legalista y parlamentaria logra penetrar en el marco del régimen establecido y llega al poder a través de la vía eleccionaria. El nacismo opta por la vía violenta, hasta que en el encuentro decisivo, en el cual el gobierno no duda en usar la fuerza para reprimirlo, al perder su legitimidad política, agrega sus fuerzas, en una polarización muy peculiar del cuadro político chileno, a la izquierda, a fin de desplazar a la derecha tradicional de los centros de poder político.
 

I

El carácter fascista del M.N.S. se hace patente en su ideología. Esta está basada en tres puntos fundamentales: 1) nacionalismo antiliberal y anticomunista; 2) primado de la política y necesidad de cambio en sus estructuras; 3) necesidad de cambio y mejoramiento económico- social [15] . El nacismo chileno, al igual que sus contrapartes europeos, es partidario de la acción directa y por lo tanto se establece como movimiento y no como partido, rechazando el parlamentarismo de la democracia liberal, que implica, desde el punto de vista estructural, el compromiso político.

La verdadera naturaleza de la revolución que pretende llevar a cabo el nacismo chileno en los años treinta es de carácter moral, antirracionalista y antimaterialista. Se trata, como en Europa, de la negación de los principios políticos establecidos por la Revolución Francesa. Es por estas razones que el M.N.S. se enfrenta al liberalismo y al marxismo, proponiendo un nuevo tipo de socialismo: el socialismo nacional. "Mientras el marxismo es una prolongación `ad absurdo' del racionalismo y del materialismo liberal, el socialismo, de acuerdo a la nueva concepción que de él se impone hoy en el mundo, constituye, en su ausencia, una rehabilitación de los valores espirituales perma- nentes de la humanidad" [16] . En este contexto, González von Marées nos habla de fuerzas anímicas superiores, no condicionadas por la realidad económica. El individuo no es la figura central, por lo tanto, el bienestar individual no es la meta principal. El grupo social en el cual el individuo funciona y del cual depende, es un todo orgánico, cuyo mejoramiento moral y material debe convertirse en el objetivo de los verdaderos socialistas, según el nacismo chileno. Para el M.N.S., el propósito real es mejorar la sociedad, encarnada en la nación, y no en el individuo o la clase social. La alternativa nacista al socialismo marxista es "...la colaboración de los grupos sociales en oposición absoluta a la teórica, odiosa y nefasta `lucha de clases' propagada por el marxismo internacional" [17] . La ideología marxista era colocada por Carlos Keller -el ideólogo del M.N.S.- en el mismo plano que la liberal: "Ambas son esencialmente materialistas, para ambas el único problema que debe preocupar realmente al individuo es su situación económica, ambas son amorales y ambas niegan (práctica o doctrinariamente) los valores esenciales en que se basa la civilización occidental: la religión; la familia, la patria y la propiedad" [18] . El nacismo pretende reemplazar los valores materiales de aquéllos que desprecia con "La nueva concepción de la vida, que exalta los valores heroicos..." convirtiéndose en "...una doctrina para los fuertes, los sanos, los viriles y repudia toda debilidad y feminismo" [19] .

En su modelo ideológico, el M.N.S. redefine las relaciones entre el individuo y la sociedad. El criterio individualista, asociado al legado de la Revolución Francesa y común al liberalismo y al marxismo, es rechazado. El nacismo chileno se autodenomina socialista puesto que considera que el criterio de diferenciación entre el bien y el mal reside esencialmente en la función social. La principal preocupación, tanto del individuo como del grupo, debe ser la preocupación social. Con esto se pretende anular la oposición entre individuo y sociedad, sin tener que eliminar la propiedad privada. Esta seguirá existiendo mientras su existencia sea beneficiosa para la sociedad en general. La forma de propiedad a adoptarse en cada caso -privada o pública- dependerá de cuál de ellas posibilite el mayor beneficio a la sociedad. Aquí se establece un criterio de servicio social, que vendría a reemplazar al criterio de utilidad personal y lucro, sin destruir la propiedad privada. El nacismo no pretende conseguir "...el predominio de una clase, sino que la elevación material y moral de todo un pueblo. ...El individuo, junto con laborar para sí, debe laborar para la colectividad, y en la lucha de sus intereses personales con el interés general, debe predominar éste sobre aquéllos" [20] .

El aspecto fascista del M.N.S. es resaltado repetidas veces en sus publicaciones, señalando la validez de la aplicación de una doctrina de carácter universal a la realidad chilena. Carlos Keller sostiene que: "Todo lo que se discute, anhela y pretende en nuestro tiempo, converge hacia el marxismo y el fascismo. Es inútil querer sustraerse a esta antinomia" [21] . Dejando en claro cuáles son sus preferencias, no se preocupa demasiado por el liberalismo al cual asocia directamente con las ideas de la Revolución Francesa "...que imperaban durante el siglo pasado..." y que "...han hecho la más espantosa crisis" [22] .

Otro aspecto fascista del M.N.S. se encuentra en su carácter estatista. El individuo es presentado como el servidor de un Estado basado en los principios de autoridad y disciplina. El Estado, a través de sus funciones reguladoras, se encuentra en una posición de control casi total y cumple su función de regulación socio-económica, encauzando a la iniciativa privada con el objeto de hacerla rendir el máximo de eficiencia en beneficio colectivo [23] .

La disciplina y jerarquía requeridas por el Estado, dentro de un modelo orgánico, llevan a una visión elitista, en cuya cúspide encon- tramos la figura del Jefe. La centralidad del líder es expresada por Keller, cuando se refiere a la vía de solución de los problemas de Chile: "Como siempre la solución dependerá de que se encuentre una personalidad fuerte y consciente de su misión, un verdadero endemoniado que logre reunir un grupo de individuos de selección, con cuya ayuda pueda realizar una labor eficiente" [24] . Más aún, exigiendo del Jefe sacrificios personales, Keller sostiene que debe haber una identificación total entre Estado y Jefe: "La grandeza del Estado no deriva para nosotros de la perfección teórica de las constituciones y leyes, sino de la intensidad con que la idea del Estado se llegue a encarnar en el Jefe, debiendo llegar esta mutua compenetración de la idea y la persona a tal extremo que ya no sea posible separación alguna entre ellas" [25] . El Jefe debería ser una persona con gran fuerza de voluntad, límpida moral, conocimiento de la realidad y una profunda visión del porvenir, cualidades que los nacistas chilenos adjudicaban a su Jefe, Jorge González von Marées [26]. El principio del líder recibe una clara expresión en el reglamento del movimiento donde se afirma que "El Jefe es el único responsable de las orientaciones económicas, sociales y espirituales del M.N.S. En consecuencia, su acción de mando sobre el Movimiento la ejerce una forma absolutamente unipersonal" [27] .

Tanto Keller como González von Marées pretenden instaurar un sistema de gobierno basado en el modelo político impuesto en Chile por Diego Portales a través de la constitución de 1833. No podía ser de otro modo, acentuándose así, desde el punto de vista ideológico, las raíces nacionales. Se trata de una república presidencial autoritaria, que como entidad abstracta y neutral se haya simbolizada en la figura presidencial. El gobierno debía ser fuerte y superior a los partidos y prestigios personales. Para el nacismo chileno fue este tipo de estructura la que hizo de Chile un país viable en el siglo XIX y, al ser abandonada con la derrota de Balmaceda en Placilla y la implantación de la república parlamentaria, comenzó la decadencia nacional. El M.N.S. no pretender hacer retornar a Chile al siglo anterior sino adaptar el modelo que según ellos aseguró la grandeza del país a las realidades socio-económicas del siglo XX. Para ello -sostiene Keller- hay que restar autoridad al parlamento y dar preponderancia a los sectores productivos. "Es muy probable que sea necesario limitar los votos a aquéllos que tengan alguna responsabilidad para con la sociedad y adoptar un sistema que permita dar una representación genuina a aquéllos que laboran nuestra riqueza" [28] . Se trata aquí de organizar la sociedad sobre una base sindical otorgando al Estado una nueva forma en la cual los diversos sectores de la producción serían representados en una cámara corporativa, paralela a la cámara política, en el parlamento [29] .

La asociación gremial de las fuerzas productoras de la sociedad bajo la tutela del Estado fuerte que los nacistas querían implantar en Chile, tiende, entonces, a la implantación de un Estado Corporativo, según el modelo fascista [30] .

Otras características de este modelo, que se encuentran en los programas políticos del M.N.S., son el fortalecimiento de la moneda, la nacionalización -en el caso chileno, del salitre, el cobre y el petróleo- el estímulo de la natalidad, la realización de una cruzada sanitaria y la implantación, bajo la dirección del ejército, del Servicio del Trabajo obligatorio para la juventud, con el objeto de educar a ésta "...en un espíritu de disciplina y de dignificación del trabajo manual, y de realizar, al mismo tiempo, obras públicas y sociales de gran aliento, que, dado su excesivo costo, no pueden ser ejecutadas por iniciativa fiscal o privada, como ser, desmontes y limpias de terrenos incultivados, plantación forestal, construcción de represas, caminos y canales de regadío, construcción de habitaciones para obreros e inquilinos, saneamiento de poblaciones y barrios, etc." [31

La posición prominente del líder con respecto al movimiento, el elitismo, la visión orgánica de la sociedad, el anticomunismo y anti- liberalismo, el enfoque socio-económico corporativista, el estatismo autoritario, el estilo político violento, la acción directa, el uso de la milicia, la tendencia totalitarista del movimiento y de su ideología, son los múltiples factores que permiten afirmar que el Movimiento Nacional Socialista intentaba aplicar la solución fascista, ideada y desarrollada en Europa, a los problemas de Chile. El Jefe propone poner en práctica las ideas del nacismo chileno creando "...una mística de sacrificio y de solidaridad por la causa del resurgimiento nacional..." que reemplace tanto a los apetitos individualistas como a la "...deformación materialistica del espíritu... provocada en las capas superiores de la actividad por la acción corruptora del capitalismo y en las masas proletarias, por la prédica envilecedora del marxismo" [32] .
 

II

Lo que el nacismo chileno denominaba socialismo nacional es uno de los pilares que conforman la definición del M.N.S. de Chile como movimiento fascista. El otro pilar sería un nacionalismo radical y moderno, que combinado con el primero, conformaría un modelo fascista similar al de los movimientos que lo anteceden en Europa [33] .

Para el nacismo chileno, la nación es la entidad superior que deter- mina la interpretación de los límites espirituales, lo cual determina que el movimiento se mantenga en la órbita de los límites nacionales y se declare nacionalista. La nación, como ente natural, constituye la unidad en la cual se dirimen las cuestiones socio-económicas y es dentro de ella que es posible el cambio deseado por el M.N.S. La nación es la unidad límite de la sociedad pero, para los nacistas chilenos, apoyarse en ella no significa desconocer la unidad cultural de Occidente, la unidad de Ibero-América, ni la posibilidad de convivencia con otras unidades nacionales [34] .

Dentro de este marco, el nacismo no se opone al cristianismo, sino que, por el contrario, lo ve como el fundamento de la civilización occidental, cuya restauración es uno de los objetivos fundamentales del M.N.S. Fuera de esto, señalan los nacistas chilenos que tanto el liberalismo como el comunismo, sus principales enemigos, lo son también de la religión [35] . Asimismo se acentúa el común denominador moralizador entre cristianismo y nacismo y la defensa de la familia y la propiedad privada. Pero, más aún, el nacismo ve en la Iglesia Católica uno de los elementos unificadores fundamentales del pueblo chileno, ya que la mayoría de los chilenos son católicos. Siendo uno de los objetivos del M.N.S. la solidaridad nacional, no puede objetar al que exista una institución aglutinadora de alto calibre moral. La objeción del M.N.S. contra la religión es su asociación con elementos políticos conservadores y demanda que la Iglesia se disocie de ellos [36] .

Carlos Keller ve en el resurgimiento fascista-nacionalista una ex- presión del alma de la raza. Según él, se trata de liberar el espíritu de la tiranía materialista a través de la reconquista de las virtudes heroicas de los pueblos. En un marco de este tipo encuentran su lugar las instituciones que para el nacismo chileno son los pilares de la cultura occidental: la Patria, la Religión y la familia. Para él: "Chile no podía quedar al margen de este proceso de reconstrucción espiritual. Su pasado heroico y austero, las centenarias virtudes na- cionales, no podían morir sepultados bajo la ola materialista" [37] . Es la misión del nacismo chileno despertar el alma de su raza de su prolongado letargo.

La idea nacionalista del M.N.S. está impregnada del pesimismo de Oswald Spengler, como fue expresado en La Decadencia de Occidente.

González von Marees y Keller ven en Spengler casi un profeta de los destinos de Occidente y ven confirmado el pensamiento del pensador alemán en la práctica política fascista, en Europa y fuera de ella [38] . De Spengler también proviene la distinción entre cultura y civilización, asociando alma y espíritu a la primera y definiendo a la segunda como el estado más externo y artificial que el género humano es capaz de lograr. Este estado de desarrollo se manifiesta en el materialismo que acarrea la pérdida del alma cultural y espiritual [39] . Influenciados por este tipo de elaboración intelectual, los nacistas chilenos declaran que: "Basar la política y la vida en el materialismo histórico judaico es reconocer desde luego la ruina de nuestra civilización, cuyo formidable pedestal es el espíritu" [40] . El pensamiento de Spengler había influido no sólo sobre el M.N.S, sino también sobre figuras intelectuales del Chile de los años veinte como Alberto Edwards y Francisco Encina, quienes a su vez sostenían una línea de interpretación histórica revisionista que tenía muchos puntos en común con la del M.N.S. [41] .

No es sólo la interpretación histórica lo que da una nueva línea al nacismo chileno, sino tres características que lo diferencian del nacionalismo del siglo XIX y que son su actitud hacia el antisemitismo, el imperialismo y el iberoamericanismo.

El antisemitismo del M.N.S. no era de carácter racial biológico como el nazismo alemán, sino que asimilaba otros elementos antisemitas de éste y estaba ligado a la visión spengleriana de la historia. Al judío se le atribuía la esencia materialista básica tanto del liberalismo como del comunismo. Desde esta base, era muy fácil ligarse a la visión de la conspiración judía mundial, en la cual la nación chilena se vería -según el M.N.S.- atacada por los judíos comunistas en la izquierda y por los judíos capitalistas en la derecha. Para el nacismo chileno, el comunismo soviético está totalmente controlado por judíos y así lo declaran: "Claramente se observa que el Comunismo es lisa y llanamente obra del malévolo y corruptor judaísmo internacional" [42] . Siendo el comunismo soviético -a ojos del M.N.S.- una ideología que se impone a través de la actividad imperialista de la Internacional, debe hacérsele la guerra, ya no sólo por el peligro de contaminación ideológica y por su contenido materialista y amoral, sino porque todo esto representa una amenaza directa a la integridad de la nación chilena.

Por otro lado, los nacistas sostienen que mientras el imperialismo comunista judío representa para Chile un peligro inminente, el im- perialismo capitalista judío ya ha penetrado y domina parte de la riqueza del país. Este "...ha transformado a Chile en un apéndice del sistema económico norteamericano...", incrementando los niveles de dependencia preexistentes y empeorando la situación económica del país [43] . Aquí se hace notar que la presencia del control financiero judío internacional se da en la industria salitrera que "...agoniza bajo las garras del judaísmo internacional.", refiriéndose en este caso al control ejercido por la familia Guggenheim sobre las finanzas de esta industria [44] .

Es así que antisemitismo e imperialismo son aunados por el nacismo chileno a través del uso del mito movilizador -en términos sorelianos- antisemita. El antisemitismo sirve aquí de concepto puente entre la realidad diaria, en la cual el judío está presente físicamente, y el etéreo imperialismo internacional, en el cual el judío está presente en forma mítica. Estas imágenes, que deberían haber provocado el despertar emocional de la masa y haberla llevado a apoyar política- mente al M.N.S., tuvieron poco eco en el Chile de los años treinta debido a diversos factores, entre ellos, el reducido número y la poca influencia de los judíos del lugar. La idea del mito movilizador es coherente con el anti-intelectualismo y antipositivismo característicos de muchos movimientos fascistas y también del nacismo chileno. Se trataba de crear un mal mítico que permitiera superar las diferencias de clases, fracturas sociales y conflictos de intereses [45] . Así es como el judío, en su faz capitalista, es presentado como el responsable de la miseria obrera, mientras que en su faz comunista, es el inventor de la revolución que ha destruido las bases de una sociedad tranquila, basada en la armonía de clases [46] .

El problema básico del imperialismo rebasaba los límites teóricos y era analizado en el contexto de la gran minería del cobre y el salitre, principales fuentes de riqueza y exportación de Chile. Si el peligro imperialista comunista tenía connotaciones ideológicas, teóricas y políticas en el enfrentamiento con el Partido Comunista de Chile, el problema del imperialismo económico era visto como vital para la supervivencia real de Chile como nación. Keller acusa a la alianza "...todopoderosa entre el capitalismo yanqui (salitre, cobre, hierro) y nuestra oligarquía terrateniente." de intentar destruir el sistema monetario chileno [47] . Como solución propone organizar a las fuerzas económicas nacionales y llevar a cabo el proceso de nacionalización de las principales riquezas nacionales de acuerdo al principio de función social ya descrito.

Con respecto al problema de la unidad cultural de América y a las tesis indigenistas o indoamericanas del APRA peruano, el nacismo chileno sostiene que no son aplicables a Chile por razones históricas, debido a que Chile -según el M.N.S.- no posee una tradición cultural indígena. El "roto" chileno no es considerado como indio y, con respecto a los indios chilenos, se afirma: "Podremos conservar un recuerdo respetuoso y romántico de nuestros antepasados araucanos, pero, desde el punto de vista de nuestras instituciones sociales y de los hábitos de vida, no nos liga con ellos ningún lazo." [48] . Para el M.N.S., la idea de forjar la unidad continental en base a una cultura autóctona es una fantasía imposible ya que cada pueblo debe moldear un modelo socio-político en base a sus características particulares, y en el caso particular chileno, según el autor, se trata de una sociedad casi totalmente creada en base al modelo de la cultura occidental. "Nuestra realidad chilena nos dice que el problema colectivo que en estos momentos debemos resolver en Chile tiene mucha mayor similitud con análogos problemas surgidos en Europa, que con los que preocupan a otras naciones de América" [49] .

Este tipo de enfoque, sin duda relacionado a las teorías del escritor nacionalista chileno Nicolás Palacios, no excluye la creación de un frente de las naciones americanas contra el imperialismo yanqui u otros imperialismos y acepta la unión económica y espiritual de los pueblos, siempre que cada nación comience por resolver sus problemas internos. El particularismo étnico chileno expuesto por Palacios en su libro La Raza Chilena, describía la miscigenación de dos razas guerreras, la de los conquistadores de Chile, provenientes del Norte de España, de ascendencia gótica y forjados en la Reconquista, con los araucanos, indios guerreros que enfrentaron al español desde la conquista y durante toda la época colonial [50] . Sin incorporar la teoría de Palacios en su totalidad, el nacismo chileno adopta una posición de particularismo cultural y social que lo lleva a diferenciarse y centrarse en su nacionalismo. González von Marées ve en Chile "...una sola entidad racial mestiza, con predominio neto de la sangre europea." que sustentó el desarrollo de una estructura política despersonalizada y relativamente estable en Chile y Argentina, a diferencia del resto de las repúblicas americanas [51] . El Jefe del nacismo chileno insiste en que sólo la autodefinición y resolución propia de los problemas nacionales de cada país americano puede crear la base para un entendimiento común [52] .

Este nacionalismo que, sin fundamentarse sobre bases raciales bioló- gicas, comprendía la lógica racial, de corte cultural occidental definido, antisemita, antisoviético y antiyanqui, a la vez que estructuraba un anti-imperialismo más económico que político y se identificaba con los ideales genéricos del fascismo europeo, pretendía movilizar a la masa del pueblo chileno para efectuar su cambio revolucionario, ubicándose entre la derecha radical y el fascismo.

Si analizamos el caso utilizando el modelo de Stanley Payne, veremos que el M.N.S. posee ciertas características propias de la derecha radical y otras propias del fascismo [53] . El lugar adjudicado se debe a dos factores principales que son la aceptación de la base cultural oc- cidental cristiana -y, por ende, de la Iglesia Católica en Chile- como fuerza social legítima y, por otro lado, la no definición clara del M.N.S. como ideología totalitaria. Esto podría deberse a que, pese a su afiliación cultural occidental, existía entre los nacistas chilenos una clara conciencia del subdesarrollo socio-económico, la dependencia y la pobreza de gran parte de la población lo que diferenciaba a Chile de los países europeos donde surgió el faseismo [54] . Por otro lado, puede afirmarse que, existiendo en la ideología nacista chilena todas las negaciones fascistas, habiéndose adoptado la simbología y el estilo político propio del fascismo, y existiendo una gran parte de los objetivos -fuera del ideal imperial, debido ante nada a la realidad socio-económica imperante y a la doctrina anti-imperialista-, el M.N.S. posee la mayoría de las características de un movimiento político fascista [55] .
 

III

Tal como lo señala Hugh Bicheno, el M.N.S. de Chile formaba parte de una corriente de ideas y acción política antiparlamentarias, existente en Chile en aquella época. Su inclinación a la violencia, y la práctica que hizo de ella, en vez de destruir el marco democrático liberal, lo reforzó, al posibilitar la implementación legal de medidas políticas restrictivas y de carácter autoritario [56] .

Es indudable que en Chile no se repetían las condiciones socio- económico y políticas que proveyeron la base de crecimiento a los diversos fascismos europeos de la época. Sin embargo el fenómeno fascista chileno de la época -el nacismo liderado por González von Marées- no es una mera imitación del modelo europeo. La existencia del Frente Popular, declaradamente antifacista, no es prueba suficiente de ello, dada la confusión teminológica-política que extrapolaba mo- delos europeos para aplicarlos a una realidad chilena diferente [57] . La acepción fascismo fue ampliamente usada por la izquierda al referirse en general a manifestaciones políticas, especialmente violentas, ligadas al desarrollo del capitalismo y de carácter anti-izquierdista.

Por otro lado, el hecho de no reflejar meramente a los movimientos de este tipo en Europa, de por sí, no otorga al nacismo chileno ningún rasgo original. El hecho de que se trate de aplicar la matriz de pensamiento fascista europeo a una historia diferente, produce un análisis cuyo resultado está condicionado por la particularidad de la historia chilena. Pero lo mismo sucede con fascismos europeos, tales como el francés y el italiano, o el nazismo alemán, que a diferencia del chileno intentaron aportar una visión original a la teoría política moderna. La originalidad del nacismo chileno en su apoyo a la izquierda frentista en las elecciones de 1938 queda ampliamente explicada por la circunstancia histórica. La represión violenta por parte de la derecha tradicional y la polarización del sistema político chileno de la época -de acuerdo al modelo de Sartori- sumados al prometido y efectuado indulto del Jefe por parte del presidente electo, Pedro Aguirre Cerda, restan mucho a la originalidad de motivación ideológica que pudiera habar tenido el M.N.S. al apoyar al Frente Popular [58] .

La interpretación que coloca al M.N.S. fuera del sistema político tampoco es aceptable [59] . Esta deriva del problema del estilo político fascista, simbólico, miliciano y violento, que en Europa de entre guerra había alcanzado dimensiones inesperadas. El M.N.S., pese a los puntos anteriores, intentó hasta el último momento injerirse en el centro del sistema político chileno a través de sus publicaciones -Trabajo y Acción Chilena-, pero por sobre todo a través de su participación electoral casi desde su fundación, que como ya se ha señalado, produjo la elección de González von Marées, Vargas Molinare y Guarello Fitz-Henry; como diputados en 1937 [60] . Tampoco el apoyo a la candidatura de Ibáñez puede considerarse como acto apolítico o antipolítico.

El nacismo chileno discutió el problema de su similitud a los fenóme- nos paralelos en Europa. Para Javier Cox -autor del artículo sobre el tema- no se trataba de imitar al hitlerismo o al fascismo de Mussolini sino que éstos y el fenómeno nacista chileno eran "...tres diversas expresiones de una misma idea." [61] Cox caracteriza al fascismo como una idea política de carácter universal que sirve de base a movimientos políticos nacionales de naturaleza semejante. Tratándose de una idea, no es propiedad de nadie, sino de quien la utiliza. Como pensamiento, para los nacistas chilenos, el fascismo se encuentra en forma latente en todos los pueblos de cultura occidental, pues en él se encarna la posibilidad de frenar lo que el M.N.S. denominaba la decadencia materialista representada tanto por la derecha tradicional como por la izquierda marxista. "El Nacismo considera a Portales como su precursor y lo señala como el primer político americano que presintió el fascismo, adelantándose a su Siglo ..." [62] . Fuera de los factores de similitud entre los diferentes fascismos, se señala que el logro de la unidad nacional del pueblo -prerrequisito de toda política fascista- debe ser fundamentado en elementos positivos. Estos se encuentran en las características raciales, históricas y culturales que son diferentes para cada pueblo, produciendo así las diversas variantes nacionales del fascismo. El término fascismo -según el nacismo chileno- ha sido adoptado sólo por ser el movimiento italiano, el primero en triunfar. De formularse un nombre científico, Cox sostiene que "...no podría ser otro que el de nacional-socialismo." [63] .

El verdadero aporte del nacismo chileno al contexto político nacional se da más en el plano político práctico que en el ideológico, pero te- niendo en cuenta que la originalidad política deriva de la introducción del modelo ideológico fascista. Los grupos inspirados por la ideología nacista criolla no constituyeron después de la década del treinta más que una ínfima minoría en Chile, mucho menor que las proporciones que alcanzó a tener este movimiento en vísperas del golpe del 5 de Septiembre de 1938. En la década del treinta la introducción del "estilo político fascista", simbólico y violento a la vez, la contribución nacista a la polarización del sistema político y su intermitente propaganda antiliberal, lograron el efecto contrario a las metas ideológicas del M.N.S. La democracia liberal chilena se fortaleció y descartó la vía de la violencia política. Los sucesos del 5 de septiembre de 1938 constitu- yeron un acto de suicidio político por parte del M.N.S., y por otro lado, constituyeron para el pueblo y los políticos de Chile una lección sobre los peligros del uso indiscriminado de la fuerza en el campo político, fortificando la idea de la legalidad democrática. El resultado directo de este proceso se dió en las elecciones de octubre de 1938, cuando el Frente Popular, incluyendo los partidarios de la revolución, acceden al poder dentro de un marco legal democrático liberal.
 

NOTAS

El Mercurio, 14.3.1988, s.p. 
A los dos actos del cincuentenario del golpe nacista concurren más de un centenar de personas -a cada uno de ellos- en parte uniformadas, con banderas y entonando himnos de la época. Vea, "Ceremonia nazi en el cementerio", La Tercera, 6.9.1988. 
M. Mena, "Génesis y desarrollo del Nacismo", Acción Chilena, vol. IV, N02, 1935, p. 84. Aquí, Mauricio Mena, uno de los fundadores del M.N.S. relata las dos primeras intervenciones de las T.N.A., en las concentranciones del Teatro Providencia y luego del Teatro Iris, en agosto de 1933, donde los nacistas se batieron contra elementos que ellos calificaban de soviéticos. 
En qué medida Carlos Ibáñez del Campo fue partícipe de los preparativos del golpe, es terrra de discusión. Ibáñez negó su complicidad. Vea, L. Correa Prieto, El Presidente Ibáñez. La política y los políticos, Santiago, Editorial Orbe, 1962, p. 161. Por otro lado, el testimonio del Auditor de Guerra, Leonidad Bravo, indica claramente el previo conocimiento, por parte de Ibáñez, de los planes nacistas para el golpe. Posteriores declaraciones de González von Marées -La Hora, 25 y 31 de marzo de 1939- y de Cox, confirman la estrecha relación entre Ibáñez y el golpe, con referencias personales a cincuenta y cinco de "los mártires" en La Senda del Sacrificio, Santiago, Editorial Nascimiento, 1940, especialmente p.p. 13-15. Para una descripción detallada del problema, vea, E. Wurth Rojas, Ibáñez, caudillo enigmático, Santiago, Editorial del Pacífico, 1958, p.p. 203-214. 
Un relato detallado de los sucesos del 5.9.1938 -la matanza del Seguro Obrero- se encuentra en R. Donoso, Alessandri. Agitador y Demoledor. Cincuenta años de historia política de Chile, Buenos Aires-México, Fondo de Cultura Económica, 1954, vol. II, p.p. 256-269. 
Ibíd., p. 211. Aquí Donoso cita a González von Marées, quien al incorporarse al congreso en 1937 explica su adhesión a la oposición diciendo: "En la disyuntiva de tener que apoyar a una de estas dos corrientes, no podemos dejar de ver que la izquierda, en su gran mayoría, persigue un ideal que también es el nuestro, cual es el que este pueblo obtenga la justicia que el régimen le niega". 
F. Nunn, The Military in the Chilean History, Albuquerque, University of New México Press, 1976, p. 234. 
El modelo de Sartori fue desarrollado para analizar la conducta del sistema político italiano de post-guerra, como sistema multipartidista. En éste se intenta explicar el rol de los partidos de centro y el proceso de polarización hacia izquierda y derecha, estando éstas claramente definidas. Vea G. Sartori, "European Political Parties: The Case oí Polarized Pluralism", in J. Lapalombara & M. Weiner eds., Political Parties and Political Developments, Princeton, N. J., Princeton University Press, ch. V.
Mucho se ha escrito sobre el sistema político chileno, pero para la época mencionada recomendaremos F. Gil, The Política] System of Chile, Boston, Houghton Mifflin, 1966, especialmente p.p. 66-69 para el período mencionado. 
Resultados electorales en L. Cortes, J. Fuentes, Diccionario Político de Chile, Santiago, Editorial Orbe, 1967, p. 202 y p. 334. 
J. González von Marées, El mal de Chile (Sus causas y remedios), Santiago, Talleres Gráficos Portales, 1940, p.p. 56-57. 
F. Nunn, The Military in Chilean History, cit, p.p. 228-229. 
Sobre el Partido Socialista vea, P.W. Drake, Socialism and Populism in Chile 1932- 1952, Urbana-Chicago-London, University oí Illinois Press, p. 140 y ss. 
Los detalles sobre el proceso han sido relatados en R. Donoso, Alessandri, Agitador y Demoledor..., cit., p.p. 198-201. 
El Movimiento Nacional socialista de Chile, Santiago, s.e., 1932. p. 5 y p.p. 8-9. 
J. González von Marées, El mal de Chile..., cit., p. 82. 
Trabajo, 5.5.1933, p. 2. 
C. Keller, "Ideología y Programa Nacistas", Acción chilena, vol. IV, n° 2, 1935, p. 96. 
Ibíd., Ibíd. 
Ideario Nacista, Santiago, Condor, 1932, p. 5. Este es parte de una colección de artículos recolectados bajo este título. El artículo específico es "¿Qué es el NacismoT', publicado en el diario El Imparcial -que publicaba una sección nacista- el 12.7.1932. 
C. Keller, "Acción Chilena", Acción Chilena, vol. I, n° 1, 1934, p.6. 
Ibíd., Ibíd. 
"¿Qué es el NacismoT', cit., p. 5. 
C. Keller, Un país al garete. Contribución a la Seismología social de Chile, Santiago, Nascimiento, 1932. p. 29. 
C. Keller, "El Jefe", Acción Chilena, vol. IV, n02, 1935, p. 76. 
Sobre la figura y carrera política de Jorge González von Marées vea, G.F. W. Young, 'Jorge González von Marées: Chief of Chilean Nacism" Jahrbuch fÜr Geschichtes von Staat, Wirtschaft und Gesellschaft Lateinamerikas, Band 11, 1974, p.p. 309-333. Allí se discute, entre muchos tópicos, la tesis de la locura de González von Marées que podría haber sido provocada por el tumor cerebral que produj, su muerte en 1962, descartándola en favor de la tesis del fracaso político. Otro escrito que apoya la tesis de la locura es la novela de Carlos Keller, La locura de Juan Bernales, Santiago, Sociedad de amigos del libro, 1949. En esta obra de ficción, se relata la historia de un movimiento político de extrema derecha que desencadena un golpe contra el estado, instigado por un Jefe que sufría de locura, afirmando Keller que se trata de una obra de ficción, pese a la similitud del relato con la historia del M.N.S. 
"Organización Nacista", Acción Chilena, vol. IV, n02, 1935, p. 113. 
C. Keller, Un país al garete, cit., p. 31.9 
La estructura política corporativa está delineada en J. González von Marées, El mal de Chile..., cit., p.p. 216-233. 
"Plan de acción", Acción Chilena, vol. IV, n02, 1935, p.110. 
Ibíd., p.p. 110-112. 
J. González von Marées, El mal de Chile..., cit., p.p. 89-90. 
El desarrollo teórico de este modelo fue definido por Zeev Sternhell en su "Fascist Ideology", Fascism, A Readers Guide, Laqueur, W. (ed.) Middlesex, Penguin Books, 1982 (first edition, hardcover, 1976), p.p. 325-406, especialmente en p. 338 y ss. En el mismo volumen hay una breve referencia al M.N.S., en el articulo de Alistair Hennesy, "Fascism and Populism in Latin América", op. cit., p.p. 287-288. 
C. Keller, "Ideología y Programa Nacista", cit., p. 99. 
D. Lira, "Nacismo y religión", Acción Chilena, vol. IV, n02, 1935, p. 122. 
Ibíd., p. 127. 
C. Keller, "El Alma de la Raza", loc. cit., p. 74. 
J. González von Marées, "Spengler, filósofo del fascismo", Trabajo, 25.1.1934. 
Sobre este punto vea, G.L. Mosse, The Crisis of German Ideology. InteRectual Origins of the Third Recih, N.Y. Schoken Books, 1984, p. 6 y p. 283 y también H. S. Hughes, Consciousness and Society. The Reorientation ofEuropean Social Thought. 1890-1930, Sussex, The Harvester Press, 1986, p.p. 375-378. 
"Nacismo y Civilización", Trabajo. 6.7.1933. 
El interés por Spengler era condividido entre todos estos personajes. Carlos Keller había dictado en 1927 una conferencia sobre el tema: °Spengler y la situación político-cultural de América Ibérica", citado en E. Robertson, "Las ideas nacional- socialistas en Chile 1932-1938", Dimensión Histórica de Chile, n01, 1984, p. 92-93. Este mismo autor sostiene que las ideas de Spengler irradiaron también a Francisco Encina; el autor de la monumental Historia de Chile, Santiago, Zig-Zag, 1954; lo cual es comprobable en su obra sobre Portales; Ibíd. Alberto Edwards; el autor de La Fronda aristocrática en Chile, Santiago, Imprenta Nacional, 1928; había publicado en la revista Atenea, en 1925 un artículo titulado "La sociología de Oswald Spengler". 
Trabajo, 20.4.1933, p. 7. 
C. Keller, Un país al garete..., cit., p. 39. 
Trabajo, 27.7.1933, p. 1. 
Vea la descripción del judío como personaje que encarna el "mal mítico" en Francia en Z. Sternhell, Maurice Barrés et le nationalisme franfais, Bruxelles, Editions Complexe, 1985, p. 243. 
Ibíd., p. 241. 
C. Keller, Un país al garete..., cit., p. 147. 
Civis, "Nacismo y Americanismo", Acción Chilena, vol. IV, n°2, 1935, p. 142. 
Ibíd., p. 144. 
N. Palacios, La raza chilena, Santiago, Editorial Chilena, 1918. 
J. González von Marées, "El porvenir de nuestra América", Acción Chilena, vol. IV n03, 1935, p. 148. 
Ibíd., p. 157. 
S. Payne, Fascism. Comparison and Defmition, Madison, The University of Wisconsin Press, 1980, p.p. 15-17. 
Fuera de los escritos ya citados, vea también el panfleto de J. González von Marées, El problema del hambre (Sus causas y solución), Santiago, Ediciones Ercilla, 1937. 
Para la descripción tipológica del fascismo, véase el modelo en S. Payne, Fascism. Comparison and Definition, cit., p. 7. 
H. E. Bicheno, "Anti-Parliamentary Themes in Chilean History", Government and Opposition, 7 (3), 1972, p.p. 373-374. En estas páginas Bicheno también señala las similaridades ideológicas entre el M.N.S. y el P.S. chilenos en aquellos años. 
Este es el argumento de Ernst Halperin, al analizar el lugar del M.N.S. en el cuadro político chileno, y las reacciones que provoca, tanto en la izquierda, como en la derecha. Vea, E. Halpern, Nationalism and Communism in Chile, Cambridge, Massachusetts, The M.I.T. Press, 1965, p.p. 44-45.
Sobre el indulto vea R. Donoso, Alessandri. Agitador y Demoledor..., cit., p.p. 300-310. Los argumentos de E. Robertson, en "Las Ideas Nacional-Socialistas en Chile 1932-1938", cit., que intentan acentuar la originalidad del ideario nacista en su lectura de la historia chilena y su adaptación al cuadro político de la época, son de carácter claramente apologéticos y se explican a través del envolvimiento ideológico-político contemporáneo del autor. El profesor Robertson, respondiendo a la pregunta: "¿Usted desde cuándo es nazi?", afirma "Ciertas concepciones, cierta visión de mundo se profesan desde siempre, desde antes de su formulación racional". Vea, "Erwin Robertson: Nazi 'desde siempre-, Análisis, 23 al 25 de noviembre 1987, p.34. 
Esta es la interpretación de M. Potashnik, Nacismo: Nacional Socialism in Chile 1932-1938, Ph.D. dissertation, University of California, Los Angeles 1974. (No pu- blicada), p. 55. Este trabajo, de gran amplitud descriptiva y riqueza de fuentes, señala también el carácter movilizador de masas del M.N.S., pero sin encuadrarlo conceptualmente en el marco teórico del fascismo. 
Vea "Movimiento Nacional Socialista de Chile", L. Cortes. J. Fuentes, Diccionario Político de Chile, cit., p. 334. 
J. Cox, "Nacismo, Fascismo e Hitlerismo. Semejanzas y diferencias", Acción Chilena, vol. IV, n°2, 1935, p. 138. 
Ibíd., p. 139. 
Ibíd., p. 141. 




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